Convertir nuestra creencia en una realidad

En Novabase, nuestro papel es ayudarlos en esta labor.

En cada línea de código que escribimos, en cada proyecto que diseñamos, la tecnología no es lo más importante. Bien por delante de ella, lo que está en nuestro pensamiento son estos millones de personas, en 38 países, que utilizarán nuestras soluciones. 

Todavía no se ha descubierto la fórmula mágica que hará la felicidad de todas las personas.

 

Y la felicidad, como bien se sabe, para cada uno de nosotros significa una cosa diferente. O muchas cosas diferentes, dependiendo del momento de la vida. O de la hora del día. En ocasiones, la felicidad es estar con quien queremos, incluso con muchos kilómetros de por medio.En ocasiones, es llegar a nuestro destino, sin tener que detenernos a pagar el billete. En algunos casos, al contrario de lo que se dice, la felicidad incluso puede venir del dinero, y tener acceso a él, gestionarlo, moverlo, de forma rápida, sencilla, inteligente.

Todos esos son pequeños motivos de felicidad que nuestros clientes ponen en manos de sus propios clientes.

¿Esta nueva herramienta, este nuevo proceso, este nuevo modelo de negocio, hará que sus vidas sean más fáciles? ¿Contribuirá, de alguna forma, a un día a día más fluido, más rico, más realizado?

Este es nuestro Código de la Felicidad. El impacto positivo que la tecnología tiene en cada momento de nuestras vidas.

 

La felicidad para cada uno de nosotros es algo diferente. Para nosotros, en Novabase, es esto: hacer que la vida de millones de personas sea más sencilla y feliz, a través de la tecnología.

Chairman de Novabase

La revolución tecnológica continúa en la que vivimos nos presenta una aparente paradoja.

Por un lado, nunca fue tan legítimo —indispensable, incluso— pensar en grande. Para una empresa de cualquier dimensión, o incluso para un individuo, cambiar el mundo ya no es una utopía. Ni siquiera tiene que ser solo un deseo: puede ser un objetivo, y perfectamente razonable. Las herramientas que tenemos a nuestra disposición son tan poderosas que si no lo conseguimos no será por falta de tecnología. Será por falta de ideas. O, simplemente, de ambición. Por otro lado, «cambiar el mundo» es cambiar la vida de alguien. Si, gracias a la tecnología, ese «alguien» fueron millones de personas, ya está: cambiamos el mundo. Pero, para ello, primero es necesario que ese impacto singular exista. Cambiar el mundo, vida a vida. Y he ahí la paradoja: al mismo tiempo que invita a pensar en grande, sacar partido de la tecnología exige, como nunca, mirar a las personas. No en abstracto, sino con lupa.

De todo lo que es su día a día, ¿qué puede simplificarse? ¿De qué forma la tecnología puede hacerlas, en cada momento, más felices?

Estas son preguntas que nunca dejan de generar nuevas respuestas. Respuestas tan variadas como los habitantes del planeta. Para un europeo urbanita, puede ser una forma más fácil de encontrar aparcamiento. Para un comerciante en una remota aldea africana, el simple acceso a una cuenta bancaria, algo antes inaccesible pero que, ahora, gracias al móvil, ya no lo es. Comunicar más rápido, pagar con más seguridad, esperar menos por el transporte, enfrentarse a menos burocracia: todo esto hace que la vida sea más sencilla y feliz. Y multiplicado por millones de personas, ¿alguien duda de que cambia el mundo?

En Novabase, estamos precisamente centrados en esto todos los días. En ayudar a los millones de clientes de nuestros clientes a mejorar sus vidas. En descubrir lo que les hace más felices. Y en usar la tecnología para convertir estos descubrimientos en realidad.

En definitiva, en cambiar el mundo. ¡Vida a vida!