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    Uso eficiente de la energía frente a eficiencia energética


    Hoy en día, la expresión «eficiencia energética» se ha convertido en algo banal que aparece tanto en campañas de sensibilización para la comunidad como a nivel de la alta gestión en el medio empresarial.


    Por: Henrique Moura, data center facilities specialist de Novabase

     

    En cuanto a las definiciones o características atribuidas a la «eficiencia energética», podemos encontrar este término en varias citas como la «optimización que podemos hacer del consumo de energía» o la «implementación de estrategias y medidas para combatir el derroche de energía a lo largo del proceso de transformación: desde que la energía se transforma y, más adelante, cuando se utiliza», por ejemplo. 

    Desde el sentido común, las expresiones anteriores nos parecen coherentes entre sí, aunque en realidad exponen dos conceptos que se superponen, pero que son distintos. 

    Uno es el concepto del uso eficiente de la energía, y el otro, la eficiencia energética propiamente dicha. En este contexto, si consultamos la Resolución del Consejo de

    Ministros 80/2008, que aprueba el Plan Nacional portugués de Acción para la Eficiencia Energética (PNAEE) —también conocido como "Portugal Eficiencia 2015"— y establece como meta la reducción del 1% de energía anual entre 2008 y 2015, observamos que está orientado hacia tres grandes vectores: la gestión de la demanda energética, la eficiencia en el uso final de la energía y los servicios energéticos, en combinación con el Programa Nacional portugués para el Cambio Climático (PNAC).

    Nos encontramos ante un enfoque transversal del concepto de «utilización eficiente de la energía» que abarca, en este caso, cuatro áreas específicas de orientación tecnológica (transportes, vivienda y servicios, industria y Estado) conjugadas con tres áreas de actuación (comportamientos, fiscalidad e incentivos y financiación).

  • Se trata de una posición a nivel gubernamental (en consonancia con directivas del Parlamento Europeo) que intenta modificar las mentalidades y fomentar a través de incentivos y de algunas sanciones a empresas o entidades no alineadas.

     

    Pero, ¿cómo se interpreta este mensaje desde el componente tecnológico ligado a los data centers? ¿Cómo se mide el grado de uso eficiente de la energía? En realidad, con ciertas dificultades, pues con frecuencia se recurre a análisis demasiado limitados y, en ocasiones, demasiado dirigidos al concepto más académico de la eficiencia energética (relación directa entre los resultados obtenidos y los recursos empleados).

    Como ejemplos más significativos del mercado, tenemos el

    PUE (Power Utilization Efficiency), considerado una métrica de referencia, y el CADE (Corporate Average Data Center Efficiency), que añade al concepto del PUE factores que lo hacen muy completo y cuyo cálculo es el resultado de la multiplicación porcentual de cuatro parámetros (inversión aritmética del PUE, eficiencia de las unidades de energía socorrida, tasa de utilización de los CPU y, por último, el grado de eficiencia del parque informático, muy condicionado por su antigüedad).


    Estos son dos ejemplos de cómo los constructores y propietarios "miden sus fuerzas" para demostrar la eficiencia de su centro de datos, utilizándolos como auténticas fuerzas de marketing y promoción de imagen. Pero, ¿en realidad son indicadores lo suficientemente buenos y merecedores de tan alto protagonismo? La

    respuesta a esta cuestión debe plantearse desde una perspectiva "better-than-perfect".


    Sin capacidad de medir el comportamiento, difícilmente conseguiremos controlar y mejorar. Por esta razón, estas iniciativas de crear métricas deben ser acogidas con agrado por la comunidad técnica y por la sociedad en su conjunto, pero no reflejan ciertas cuestiones y desafíos, en concreto la forma en que se mide el esfuerzo en la aplicación de iniciativas ecológicas que garanticen la sostenibilidad de la Tierra, en especial, el uso de energías limpias y renovables. 

    También quedan excluidos los temas relacionados con la redundancia, la seguridad y la rapidez de acceso a determinados sistemas, así como la contabilización de la

  • energía necesaria para asegurar todo el ciclo de vida, es decir, extracción de la materia prima, transporte, manufactura, montaje, instalación y desmontaje, desmantelamiento o descomposición de los componentes y equipos existentes en el centro de datos.


    Estas cuestiones crean la necesidad de buscar más y mejores métricas que sean cada vez más transversales a todas las áreas del centro de datos y permitan efectuar una visión holística de este.


    Los próximos desafíos ya han sido planteados, y pasan por la participación y seguimiento de un equipo multidisciplinar que cuente con la presencia de legisladores, gestores de TI y representantes de los diferentes componentes tecnológicos y funcionales del centro de procesamiento de

    datos.
     
    ​Translated by Viva

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